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Aniversario


Hace un año. 

Ha pasado un año desde que —como mecanismo de salvación para mi alma angustiada por el desempleo y por cortesía de una gran amiga—; incursionara sin imaginarlo por segunda vez en mi vida en el mundo de un seminario.
De pisar un espacio trillado en la imaginación y a la vez tan cerrado para los pasos mundanos; de primera planta silenciosa de lunes a viernes. Bulliciosa de pasos, voces, música, escobas y ajetreos de limpieza los sábados. De la pequeña biblioteca de calor sofocante en las primeras horas y brisas frescas pasadas las últimas horas de la tarde. De puertas de vidrio y jardín dominado por una higuera.
De curiosas plantas colgantes y cocina inmaculada, de suaves plegarias en voces masculinas acompañadas de cuerdas de guitarra que todo lo llenaban... y a cuyos cánticos a veces mi oxidada voz se unía, recordando su pasado de creyente caída en desgracia.
Un año desde sus comidas saludables y su paz, del sofocante calor y el aroma almizclado del jabón de baño; sus esporádicos postres de cortesía al caer la noche. Las salidas a las volandas para las clases de flamenco dos noches a la semana. La angustia de ser testigo de cómo los ahorros de la cuenta bancaria se iban agotando conforme avanzaban los días.
La triste y dulce certeza de ser, aunque libre, desempleada.

Hoy. 

Sentada en el escritorio de un espacio, una biblioteca diferente; con la tranquilidad placebo que da al alma el saberse en un empleo seguro; rememoro aquellos tiempos agitados de hace un año y siento una dolorosa calidez apoderarse de mi ser; sin duda pensando en el hecho que aunque quiera ignorarlo, el tiempo sigue pasando para personas y lugares indiferente a mi presencia o ausencia en ellos... de si el lugar donde ahora me encuentro me hace feliz.
El tiempo no es clemente con las personas convencionales —puede que como tú al igual que yo—. Lo que prima es el sustento, el salario que día a día pagará las cuentas, dará de comer a la familia. No importa si aquello es lo que deseabas cuando, siendo todavía niño, mirabas con ilusión a las personas mayores caminar por las calles vestidas para el trabajo (indiferentes con su atareo a las pequeñas cosas de la vida) deseando algún día ser como ellos.

Al tiempo no le importa lo que soy o lo que fui. Y en esta tarde —como en las tardes de mañana y hoy.. de hace un año— comprendiendo su silenciosa exigencia, sé que debo moverme a su ritmo sin pensar demasiado en el pasado.

Y como el tiempo también es vidente; solo él ha de saber si he de lograrlo.











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