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Café

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Sus labios sabían a café.
Siempre que le besaba, que nuestros cuerpos se encontraban —a escondidas. Robándole instantes furtivos a las horas de oficina—, en la austeridad de paredes metálicas frías como mis manos a su contacto, su aliento tibio con aroma de café le devolvía el sentido a mi existencia extraviada en el laberinto de horarios, esquelas y planillas; de libros contables olorosos a papel pasado.
En esta tarde de déjà vu, sus besos del sabor del café han regresado intempestivos, tan diferentes e indiferentes a mis sentimientos, a lo que fuimos,  a mis anhelos del pasado —yo le anhelaba a él… él anhelaba a alguien más—.
En el invierno naciente una década después, con el vapor ascendiendo del hervidor  y la taza paciente esperando la segunda ronda de café, entre papeles diferentes e inventarios en Excel, mi recuerdo trae al presente sus besos… su aliento oloroso a dulce café pasado.
Ausente de sentimientos. Sin resentimientos.
Irrupción de fantasía en horario de oficina. Invasió…

Dualidad

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No soy yo,  es mi alma de escritora la que hace a mi corazón inquieto. La muy despiadada apenas me da tregua para respirar...
No sólo soy yo.
Dos mujeres habitan en mí.
Y si de algo me ha convencido es que, quien me quiera  —el valiente que se atreva a hurgar en los laberintos de mi corazón—  tendrá que querernos a ambas, sin negociaciones ni fórmula de juicio; de lo contrario aquel amor estara indefectiblemente destinado a fracasar.
Una es perfectamente convencional: despierta a la misma hora y obedientemente se enfrenta al trabajo de las ocho, el almuerzo de la una y el té de las seis; la clase de los martes y el regreso a casa al finalizar el día...  La que todos conocen.
La otra, la del corazón impaciente y los amores imaginarios, la buscadora incansable de inspiración; la de la cabeza llena de ideas y un cuestionamiento siempre a punto, que llora con un libro y quiere cambiar su vida en un arranque de inspiración; que siente ansiedad si no tiene un bolígrafo a mano.  Aquella que a…

Querido Max...

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Querido Max,
El otro día sin querer me topé con unas fotos tuyas y pude ver en ellas que eras feliz. Que sigues siendo tan feliz como podrías serlo con la vida que elegiste y eso trajo a mi cabeza cientos de pensamientos.  
Miro en retrospectiva, dos años atrás cuando te vi por primera vez, cuando la casualidad, el destino o el azar permitieron que nuestras vidas se cruzaran y pienso en lo bonita que habría sido la vida, el presente, si Dios me hubiera permitido conservarte. Que caminaras en mi hoy como lo hiciste en mi ayer, tomando mi mano con firmeza para no perderme mientras atravesada el oscuro camino del dolor, cuando enrumbaban mis pasos fuera de aquel fondo en el que las circunstancias me empujaron. En el fondo siempre supe que nunca serías para mí de la forma en que tantas veces te había soñado. Mi mente se engañaba, querido mío… yo sabía que tu corazón estaba reservado para un amor más trascendente que aquel terrenal y carnal que podía ofrecerte para el día a día con el corazón…

2019

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Mi querido Matt,

Ayer sucedió algo maravilloso…

¡Volviste! Regresaste a mí con toda tu paz, con toda esa inspiración y aquellos tiernos sentimientos que provocabas en mí. Volviste y me envolviste toda de esperanza y aquí estoy de nuevo: escribiéndote, soñándote… pensando en ti con la misma intensidad de hace dos años atrás, aunque ya no me produzca la misma sensación de angustia el pensar en la inevitable perspectiva de nuestra imposible coexistencia en la vida real, que no traspasarás de los límites de mi fantasía porque el conjuro de tu existencia se reduce a los intrincados artificios de mi memoria.

Hoy más que nunca te repito que te quiero, y renuevo  en el silencio del día que comienza mi promesa de ser para ti como tú lo eres para mí... —eternamente—.  Aunque no seas el único objeto de amor en mi corazón y estemos destinados desde siempre a no ser. 
...
Posdata: 
Aún con cientos de ideas flotando en mi cabeza, mi primer registro de este 2019 va para a ti.

Con amor,
Rosali.

Te perdono

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Te perdono.
Te perdono por no haberme planeado, por pedir que me mataran para no tener que hacerte cargo de mi. Te perdono por haberme violado, por robarme la inocencia aun cuando no tuve consciencia de haberla perdido hasta mucho después. Te perdono por haberme abandonado. Por los años de sometimiento y pobreza, de dolor… por el hambre y la humillación.
Te perdono por haberme menospreciado por ser pobre, mal vestida, por mis manos y cabello seco a punta de detergente, por no tener el sol diario para el sándwich de pollo de los recreos; por gastarme el cerebro, las ganas y los ojos mañana y tarde… por usar mi inteligencia cual moneda de cambio.  Por los insultos calladitos, las ofensas solapadas. Por habernos convertido en tus siervas por años a cambio del favor de salvarnos.
Te perdono por haber usurpado mi vida a cambio de tu sacrificio.Por haber esperado tanto de mi. Por poner sobre mis hombros la responsabilidad de negociar responsabilidades domésticas que no me correspondían. Te p…

11:11

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¡Hola, querido!
Cuéntame: ¿Cómo vives tu vida ahora que tu incondicional no se encuentra cerca para hacerte compañía, para prestarte sus oídos —sus cinco sentidos— cuando el resumen del día sale de tus labios agobiados?
¿Qué se siente saber que —aunque a fuerza— ella consiguió seguir su camino aunque tus pasos no se acompasaran más al ruido seco de sus pequeños zapatos de tacón?
¿Te golpea intempestiva la nostalgia? ¿Me añoras tanto como yo te añoro cuando, con la muerte del día, muere también tu careta y pesa la soledad?
¡Lo ignoro! Y aunque antes me habría gustado entrar en tu cabeza, penetrar en tus pensamientos y verme a través de tus ojos, ahora no estoy segura de querer hacerlo, Aunque mi deseo de ti sigue siendo más grande que todo razonamiento lógico en mi, sé que estoy mejor sin ti. Sin quererte… sin tu proximidad.
¡El cronómetro ha empezado ya la cuenta regresiva!
Y yo encuentro propicio este momento para confesarte que todavía eres eso en lo que pienso cuando el reloj marca las

Déjà vu

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Dos de los mejores sentimientos que he experimentado sucedieron en invierno.  Y como una extraña manera de demostrarme que el tiempo es cíclico, que todo se repite en diferentes espacios de tiempo y personas; ambos se fueron de mi vida al final de la estación. Dos inviernos consecutivos. 
El uno llevándose más que el otro; uno dejando más miel, el otro más hiel.
Mi vida ha sido un déjà vu; un interminable torbellino de cambios. De abrir y cerrar ciclos. De revivir con llegadas inesperadas y despedidas en la misma medida. Aceptación constante e ininterrumpida. Tanto así que me ha faltado tiempo para las bocanadas de aire, para recuperar el aliento antes de volver a sumergirme en el mar de acontecimientos; en un crónico estado de sorpresa (no siempre para bien). 
Y así… en vilo también, me ha esculpido de una forma en que solo había soñado que lo haría. Me ha puesto a prueba definitiva y ha formado mi cuerpo —y en vías de mejora— y mi carácter al de la mujer que realmente espero ser de aqu…