Tango con la Muerte
En los últimos días estuve bailando un tango sinuoso con la Muerte. Nuestros pasos fueron casi un compás perfecto, nuestras miradas no se apartaron. Mis ojos contemplaron sus cuencas vacías, negras y profundas como los pozos donde se esconden mis temores más inconfesables, aquellos capaces de levantar una megalofóbica ola de angustia. Angustia en su más absoluta pureza. Y en medio del terror absoluto que significó mi realidad de esos días, no encontré en ella más que una forma para arrancarme del presente, de no existir y sumergirme, por fin, en un espacio de absoluta paz. Paso adelante, paso lateral, paso atrás , una y otra vez. Barrimos nuestros pies en ochos y cruzados por todo un salón tan negro como su manto; y mis ojos vendados a nada diferente al dolor, convencida de que no existía protección más grande, que nadie entendía mi sentir como ella, me abandonaron en sus brazos huesudos y se dejaron guiar por el golpeteo doloroso de mis pálpitos en taquicardia contra ...








