Juntas en París
Aunque sea un poquito más tarde de lo adecuadamente aceptable, llegará el día en que estaremos juntas en París. Y probablemente nos daremos el abrazo más largo y sincero que jamás pensamos darnos porque la vida, las heridas, los traumas arraigados nos hicieron poco amantes del contacto físico; y tal vez entonces —solo tal vez— me atreva a hablarte de todo este cúmulo de emociones extrañas que comenzaron a abrasarme el corazón desde que supe que te ibas a casar. De lo increíble que se me hacía la idea que, a pesar que el camino hasta este momento no haya estado poblado precisamente de flores para ti, por fin haya llegado el momento y que, contrario a lo que imaginé, no podría estar a tu lado para ayudarte a vestirte, decirte que no hicieras caras raras en las fotos o ¿qué se yo?, solo por el placer de estar y presenciar cómo mi hermanita, la que cada Noche Vieja se metía debajo de la mesa para encontrar novio, por fin había encontrado un amor bonito a la altura de las ...








